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Las personas matutinas miran hacia el este, hacia el amanecer, sobre el prado, dirección a los árboles frutales. Mientras tanto, en el sur, el gallo, el jefe del gallinero, avisa de que un nuevo día ha amanecido. La vista al sudoeste se alegra con el verde del campo, con grandes palmeras y un biotopo a rebosar.
Al noroeste se levantan las montañas de la sierra de tramuntana que más adelante se estrellan en el mar, parecen casi palpables en días de vistas despejadas. Entre medias, la realzada iglesia de Lloret de Vistaalegre en el centro de nuestro pueblo. Ante la puerta, cuando el juego de luces del atardecer empieza su baile, relucen palmeras, moreras, lavandas y arbustos florecientes.
Cada habitación y cada suite tiene encanto propio. No sólo por las vistas paradisíacas, sino también por un ambiente creado con mucho cariño y esmero, lugar en el que el arte ha encontrado un pequeño hoyar. |